Brujo negro del reino de Sangrán que bajó a las Cavernas de Habdas y creó a los no vivos ni muertos de la Orden Negra.
Frío, metódico, paciente. Su rasgo diferencial es la planificación: “no quería un hechizo poderoso; quería un método para repetir un estado”.
Crueldad por consistencia, no por arrebato: elige “corregir el método” antes que destruir su obra, incluso si el primer resultado fue defectuoso.
Aversión al caos: no le interesa “matar por matar”; le interesa que el mundo funcione con su lógica (obediencia, continuidad, suspensión). Esto encaja con la idea de que su legado se recuerda “menos por lo que hizo, que por lo que dejó funcionando”.
Continuidad como forma suprema de poder: una orden bien diseñada “deja de necesitar al individuo”. Xenner busca inevitabilidad histórica, no gloria.
No es un nihilista; es un ingeniero del umbral: cree que la compasión es un fallo de diseño, y que la duda es un error que debe eliminarse mediante estructura (ritos, juramentos, anclajes)
Procede de un reino duro, de piedra y adversidad; su biografía temprana se conserva fragmentaria, lo cual refuerza que su figura se mide por consecuencias, no por infancia.
Habdas no es solo un lugar: es un estado donde vida y muerte se rozan y el poder que se extrae “no es energía, sino permiso”. Aquí Xenner encuentra el principio para institucionalizar el umbral.
Crea la condición “no vivo ni muerto”: no es inmortalidad, es suspensión, que requiere sustento (ritual/lugar/juramento/anclaje) y un vacío (memoria, nombre, deseo o voluntad).
Esto te da un motor narrativo estable: los no-vivos-no-muertos funcionan, pero siempre pagan un precio “humano”.
Xenner convierte el hallazgo en doctrina: una orden que sobrevive al brujo y se autoalimenta. Éste es el punto en el que pasa de villano local a amenaza estructural.
El Bestiario fija el bloque más jugoso: rumor de boda secreta Tahón–Nerdre, oficiada por Xenner; Xenner rinde pleitesía por favores, vive en Sant Kalar (Lanmin) y viaja a Habdas por mandato real.
Esto posiciona a Xenner como puente entre política (Tahón) y técnica (Habdas).
Sin contradecir texto, te propongo un “diseño” coherente con su rol:
Silueta: alta y seca; postura recta de escriba/arquitecto más que de guerrero.
Ropaje: capas oscuras de lana pesada con ribetes geométricos (no barrocos): transmite “método” y “estructura”.
Manos: siempre con marcas (tinta, ceniza o pigmento) de ritualista; porta un anillo-sello o punzón para grabar señales (ideal para tu línea de “códigos antiguos”).
Elementos de Habdas: un colgante con piedra negra “porosa” (sugerencia de anclaje), o una bolsita de sal/ceniza ritual (sin convertirlo en cliché necromántico).
Mirada: no rabiosa; evaluadora.
Estos ganchos están derivados de reglas explícitas del manuscrito y de su rol “institucional”:
Anclajes de suspensión: si la suspensión requiere lugar/juramento/anclaje, entonces existen puntos de anclaje (sellos, cámaras, piedras, juramentos) que pueden romperse o corromperse.
El “primer intento defectuoso”: un no-vivo-no-muerto que conservó demasiada memoria o hambre puede ser el gran problema que Xenner decide “corregir” en vez de destruir.
La boda secreta como arma política: el hecho de que Xenner oficie (y por tanto registre/controle) un vínculo Tahón–Nerdre permite chantajes, legitimidades falsas y “pruebas” rituales.
Sant Kalar como nido de doctrina: si vivía allí y operaba para Tahón, la fortaleza puede contener cámaras de ensayo, registros incompletos o símbolos de mando.