En
el caos y la anarquía que vivía por entonces el hombre hubo un cambio. Un
hombre, Gidie Rhornan, de las islas
del sur, hijo no primogénito del clan de los Rhornan, emigró a las tierras del norte más allá del Mar Áltico y estableció lo que sería el
primer reino de Sarión en el año
1592.
Íshtar
es un reino con mucha diversidad de climas, ya que su terreno acaba varios
aspectos hidrográficos. Al norte frío y grandes heladas nocturnas que bajan de
los fuertes vientos congelados de Pico
Alto Nevado. Al sur, clima cálido por su costa.
En
Pico Alto Nevado
las temperaturas disminuyen 6 °C cada 1000 metros de altitud y
son muy bajas en la alta montaña. Las precipitaciones aumentan con la
altura. Debido a la altitud descienden ya que el aire frío almacena
menos humedad. En invierno en la alta montaña las precipitaciones
habitualmente son en forma de nieve. En la lejanía dibuja un paisaje blanco
cuando lo miras desde Célebwen.
Pico Alto Nevado
tiene una montaña que destaca sobre las demás, Sanda, donde nacen las primeras aguas del río Kart. Éste río camina exclusivamente por el territorio de Íshtar y es utilizado por los Inurkos para comerciar. En lo más alto,
a 14.500 km sobre el nivel del mar, puede verse casi todo el reino, por encima
incluso de la Cordillera de Riagnior
se divisa parte del Bosque de Elmoth.
Aunque subir a lo alto de esta cima para los hombres significa prácticamente la
muerte.
Para
subir a la cima de Sanda, los
antiguos crearon un camino llamado la Ruta
Sandariana. 30 kilómetros de subida hostil. Los guerreros la utilizaban
para probar su fuerza y valentía, cuanto más alto eras capaz de llegar, más
rango y respeto conseguías.
Al
este de Pico Alto Nevado nos
encontramos con la Meseta de Árrigan
con grandes desniveles de terreno, altas montañas frías y vientos huracanados
de difícil accesibilidad para el hombre. Las temperaturas bajan notablemente en
las cercanías al Bosque de Redlen,
del reino de Lago Helado. Las
condiciones climáticas son muy duras para sobrevivir en estas montañas, lo que
las hace un escondite ideal para quién sea capaz de soportarlo.
Al
Oeste del reino el Bosque de Íshtargan
recorre toda la meseta desde Pico Alto
Nevado a las playas del sur. Frondoso y cerrado, la luz no penetra hasta el
suelo nunca. Dicen las leyendas que sus árboles tienen más años que la propia Tierra de Sarión. Su fauna consta
principalmente de serpientes, roedores, ardillas y aves pequeñas.
Dentro
del bosque y no muy lejano a Célebwen,
se haya el Campo de la Flor Roja, una
extensa jara de llanos y honduras que rompe el paisaje. Entre pequeños árboles
y arbustos variados se encuentra una flor roja que en los primeros años de la Segunda Era los magos dejaron hechizada
y que sólo un guerrero de corazón puro e incorruptible puede cogerla.
Aquellos
guerreros que corten una flor roja y no sean elegidos por el gran hechizo se
convertirán en estatuas de piedra para la eternidad.
Sólo
existe una flor roja, no es muy difícil de encontrar, pues es un punto rojo
fácilmente visible. Cuando esta es arrancada, no nace una nueva flor hasta que
el guerrero elegido muere, o si el que la arrancó no fuera elegido y que al
instante se convirtió en piedra. La flor no renace siempre en el mismo sitio.
Por eso el Campo de la Flor Roja
tiene esparcidos por sus laderas bastantes figuras de piedra de los muchos
guerreros que la han arrancado.
El
reino está dividido en su mitad por la Cordillera
de Riangnor que lo separa en dos partes, Las Defensas del Este y Las
Tierras del Rey.
Las
Montañas Askar se sitúan en el centro
del oeste, en Las Tierras del Rey.
Son extensas montañas que hacen de muro para salvaguardar Célebwen. Su vegetación es muy frondosa de musgo y matorrales en
las laderas y de pequeños árboles en las partes más altas. En algún lugar de
estas montañas se encuentra Árbolan,
el árbol más viejo de las montañas.
Cuentan
los más ancianos que en el pasado la Dama
Blanca Ringriel de la Primera Era
tuvo un idilio de amor con el rey I Gidie,
primer rey de Íshtar en la conquista
del oeste. Su amor era puro y sincero. Pero lo que para muchos era felicidad,
para otro oculto en las sombras era tristeza y odio. El brujo negro Voltar de Néradan también pretendía el amor de Ringriel y en un arrebato de furia y celos lanzó un hechizo sobre Gidie convirtiéndole en un árbol para
siempre y así poder separarlos. Árbol que hoy día se conoce como Árbolan. Existe la creencia que las Damas Blancas de Lago Helado pueden
hablar con él.
Y
lo cierto es que a partir del año 1632 el príncipe Varadán tuvo que subir al trono porque el rey I Gidie desapareció y
nunca más se supo de él.
En
el Este podemos encontrar el Bosque de
Elmoth que se encuentra al sur de los Páramos
de Imorthel. Este bosque tiene la peculiaridad de que sus hojas desprenden
un polen que producen somnolencia a los hombres. Quien se queda dormido dentro
del bosque jamás vuelve a despertar. Sólo los habitantes de pura sangre
descendientes de Sílian tienen el
antídoto natural en su sangre para protegerse del sueño eterno.
Los
Páramos de Imorthel es un llano que
posee una extensión de terrenos planos y bajos. Tienen una amplia llanura
ligeramente ondulada que va decreciendo de norte a sur y de oeste a este. En
las partes más frondosas habitan los Kabán,
los jabalís del este que muy pocas personas han visto. En algunas aldeas se les
consideran dioses y se hacen fiestas en su honor.
Los
Kabán fueron una raza de guerreros en
las tierras de lo que hoy se conoce como Íshtar
antes del éxodo de las razas de Lago
Helado, por el año 540. Dominaban todo el territorio del oeste de La Tierra de Sarión. Debido a las
numerosas muertes de los exiliados antes de los reinados, un brujo creó un
hechizo contra los Kabán y los
condenó a vivir como jabalíes en los Páramos
de Imorthel. El nombre de este brujo nadie lo conoce, pero se cree que en
la Biblioteca de El Curupa se
encuentra en uno de sus pergaminos su nombre, aunque nadie lo ha podido
encontrar. Actualmente se los conoce como Jabalíes
Surini.
Algunos
Surini pueden llegar a pesar 800
kilogramos y medir más de dos metros de alto. Sus prominentes colmillos y su
feroz gruñido cuando rebudia lo hacen muy temible. Son pocos los que han podido
ver uno, estar cerca de él y pueden contarlo.
Para
acceder por el norte a las Tierras del
Rey nos encontramos con la Atalaya de
Dírduil y en el sur por la Puerta de
Ishsis (fuertemente protegida).
La
Atalaya de Dírduil tiene treinta
metros de alto. Es un punto estratégico en el norte. Su interior está dividido
en cuatro niveles. El superior o terraza tiene dos funciones principales, la de
vigilar y atacar con arco y flecha, incluso a veces piedras, a los posibles
enemigos y la de hacer una hoguera que podía servir tanto de guía a los
mensajeros como de sistema de comunicación con otros pueblos. El tercer nivel,
justo debajo, suele ser el almacén de maderas y paja para el fuego de la
hoguera. El segundo nivel eran los dormitorios y área de descanso para los
guerreros. El nivel bajo que hace las
veces de pequeño recibidor, se guardan diferentes utensilios de guerra. También
se utiliza para guardar comida al ser la parte más fresca de la atalaya. El
portón de entrada se sitúa a cuatro metros de altura para dificultar el acceso
de los invasores y en su interior se guardaba la escalera de soga.
Habitualmente
los guerreros de la atalaya proceden de Celeb-mith
y en épocas pasadas era un gran honor ser un Guerrero Dirlin, como se les conocía a los elegidos de guardar la
atalaya.
Agrus Sers
nació el décimo día de Éoriel, el
verano de 1698, el otoño se acercaba y los días ya no eran tan calurosos. Tuvo
una infancia difícil, como la mayoría de las gentes de Sarión que no pertenecían a los Linajes o a los Paladines de Reyes.
Descendía
de familia de herreros. Su padre Sers
Agman fue el constructor de la Puerta
de Ishsis que protege la entrada a Íshtar
por el sur. Una puerta gigantesca. Una obra colosal digna de ser admirada.
Desde
muy pequeño vio cómo su padre se relacionaba con los guerreros de las hordas
del reino, pues era su principal fuente de ingresos, ya que estos siempre
requerían de armas, armaduras, cascos, cotas, y sobre todo tener a los caballos
siempre bien herrados para las largas marchas.
En
la herrería se respiraba siempre un ambiente tenso. Sers Agman sudaba intensamente debido al calor de la fragua que
ardía como el mismísimo infierno. Era un sitio oscuro, decorado en sus paredes
con los típicos utensilios del arte de forjar el metal. La entrada al taller,
tenía un porche de cañizo que hacía las veces de para sol.
−
Agrus, un poco más de intensidad al fuelle – le
espetaba Sers a su hijo de diez años.
−
Si padre. – Agrus, que a su corta
edad ya estaba acostumbrado, aumentó la velocidad para que entrara más aire al
infernillo y la fragua alcanzará la temperatura adecuada.
El
niño, admiraba la obra maestra que su padre estaba forjando, con un entusiasmo
y una devoción que pocas veces había visto en él.
−
Padre, a esta espada le está dedicando más tiempo de lo que acostumbra. – comentó Agrus
por curiosidad. A lo que su padre le respondió – Si hijo mío, esta espada será
diferente a las demás, se llama Sárudal y
su filo y resistencia será famosa por todo el reino.
−
¿Y para quién es?
−
Para nuestro rey, Helk Hilkur.
−
¿Y esos dos huecos que hay en la empuñadura? – preguntaba, con curiosidad
insaciable.
−
Jajaja… − rio Sers – Esto es para los magos. Ahí pueden engarzar runas
encantadas con sus hechizos y la espada adquirirá mucho más poder. – le contaba
a su hijo mientras la acariciaba con un mimo casi desmedido.
A
sus diez años, comprendió el futuro que le esperaba, que debería aprender el
arte de la forja, que tendría que conocer el acero y comprenderlo para poder
pulirlo y amoldarlo a su voluntad.
En
ese momento de la conversación padre hijo, escucharon la llegada de varios
caballos que hacían su parada en la puerta de la herrería. Era la guardia del
rey. Desensillaron y el jefe de la guardia que cabalgaba con ellos, ató su
caballo en el abrevadero de la herrería, y entró en el taller de Sers con aire superior, escoltado por dos guerreros.
−
¡Herrero! ¡Herrero! – gritaba el joven Therón,
recientemente designado jefe de la guardia de Íshtar por su pericia y sabiduría en las guerras.
−
Jefe de la Guardia del Rey, es un honor recibirle en mi humilde herrería. –
apareció Sers de detrás de la
gigantesca fragua famosa en toda la Tierra de Sarión por su magnitud, capaz de fundir el metal más resistente
como se derrite la mantequilla caliente en una sartén al fuego.
−
No me adules los oídos viejo pícaro y dame resultados, el Rey está impaciente
por su espada – los dos rieron en complicidad, pues ya se conocían de otros
trabajos anteriores.
Sers
cogió la espada, con aire ceremonial, y se la mostró a Therón − es una espada muy ligera, con un filo sutil que es capaz
de cortar un velo simplemente con la caída de éste en pleno vuelo. Mide un
metro y medio y en su empuñadura tiene dos huecos para poder engarzar runas. –
Therón cogió la espada y la admiró
con un asombro inusual, jamás había tenido en sus manos algo parecido, un arma
elegante, que parecía sensible, dulce, pero notaba que en su filo era
implacable.
−
Un trabajo digno para un rey. Serás recompensado en su justa grandeza. ¿Cómo se
llama? – preguntó al herrero.
−
Sárudal, la Espada Silenciosa mi señor – respondió Sers con una pequeña reverencia – muchas gracias por el alago,
deseo que esta espada cumpla las expectativas que su majestad necesita.
Los
guerreros salieron de la herrería y se montaron en sus caballos. Agrus desde el porche, observaba el
galopar elegante de la guardia real mientras se alejaban hacia el horizonte. Sers salió y puso sus manos sobre los
hombros de su hijo y le espetó – Has visto mi obra maestra, creo que jamás haré
una espada como esa. Tú Agrus, algún
día serás el dueño de todo esto. Yo me voy a encargar de que seas el mejor
herrero de toda la Tierra de Sarión.
El
niño que escuchaba atentamente las palabras de su padre, sonrió ligeramente con
complicidad y supo que algún día construiría una espada al menos como la de su
padre. Y así fue. Pasaron los años y Agrus
se convirtió en uno de los herreros más importantes del oeste, forjó a Érilam, la espada indomable y mejorando
la obra de su padre, la terminó con cuatro huecos para engarzar runas. Esta
espada fue destinada para los caballeros Sáragan.
La
Puerta de Ishsis fue construida en
1716, cuando el rey Raneael trasladó
la capital de Mornnan a Célebwen para proteger la entrada al
reino por el sur de los enemigos.
La
puerta es una gigantesca muralla que une las Montañas Askar con la Cordillera
de Riagnor. En el centro tiene un gran portón de una sola hoja que se abre
con un sistema de poleas. El grosor de cuarenta centímetros de madera adornada
y reforzada con barras de hierro y cobre y los diez metros de ancho y
veinticinco de alto la hace pesar cerca de las tres toneladas.
Esto
obligó a crear un sistema de poleas y contrapesos con sacos de arena que no
tenía parangón para los tiempos pasados.
Sers Agman fue
un adelantado a sus tiempos, creando armaduras y nuevas armas que hicieron
tomar bastante ventaja a los Caballeros
Rhornan respecto a sus adversarios.
El
Bosque de Íshtargan es frondoso y sus
animales más típicos son todo tipo de roedores, las ardillas, topos al lado del
Rio Kart, culebras y pequeñas aves.
Se extiende por todo el oeste del reino.
El
Bosque de Elmoth es un bosque húmedo
y oscuro, de grandes árboles muy viejos. Con poco reino animal, Su hojas
desprenden un aroma dulce apenas perceptible que provoca el sueño a quien se
adentra.
Sólo
los habitantes nacidos y con sangre pura
de Sílian, poseen el antídoto natural
en su cuerpo para no dormirse eternamente.
Los
Páramos de Imorthel son áridos con
pequeñas extensiones de hierba no perenne que apenas necesita agua para
subsistir. En sus raíces se puede sacar líquidos y alimentos para sobrevivir en
un páramo tan inhóspito.
Los
Astilleros de Puerto Viejo es por
donde recibe gran parte de su comercio proveniente del mar.
Célebwen
es la capital actual de Íshtar y
donde vive el rey. Pero nos remontamos a cuando La Tierra de Sarión era un mundo salvaje. Había clanes establecidos
en territorios y nómadas que invadían saqueaban y destruían aldeas y todo lo
que se cruzaba por su camino.
Los
Rhornan, de las islas, eran un clan
muy poderoso. Debido a la ya creciente población y del clan, Gidie Rhornan, hermano de Edan Rhornan, se aventuró a las tierras
del norte, más allá de las islas en el año 1591. Cruzó las Montañas Sinuosas y
las batallas en los Páramos del Sur
para abrir las primeras rutas hacía lo que sería el primer reino conocido de La Tierra de Sarión fueron encarnizadas.
Los indígenas de las tierras salvajes fueron sucumbiendo poco a poco hasta
darse cuenta que luchar contra las huestes armadas que provenían del mar era
inútil.
En
1592 se estableció en Mornnan cuando
tenía apenas 20 años y se proclamó rey. Tardó 2 años en conquistar todo el sur
de la actual Íshtar. Este hecho que
corrió rápidamente por toda la Tierra de
Sarión, llegó hasta la Dama Blanca.
Gídie
no tardó en prosperar y creó el primer sistema feudal en el año 1597 para
proteger el territorio conquistado. Construyó el Castillo de Thasmar, primer castillo de Íshtar y cedió partes del territorio a sus mejores y más leales
caballeros. Éstos, rendían fidelidad al establecido como rey I Gídie del reino de Íshtar, pagando por sus posesiones al reino y aportando guerreros
para las batallas.
Comenzaban
nuevos tiempos para los hombres, pues en todos los territorios comenzaron a
fraguarse los demás reinos. Érildhel
supo entonces que había llegado su momento y en el año 1600, aprovechando la Fiesta de la Nueva Nevada abdicó y dejó
su trono a la nueva Dama Blanca Ringriel
dando comienzo a la Segunda Era.
Las
tribus salvajes establecidas en la época se comunicaban con un lenguaje parco
en palabras, más bien una mezcla de sonidos y signos con las extremidades
superiores. En poco tiempo el rey I Gidie
impregnó de su cultura a los conquistados y adoptaron de forma materna la nueva
lengua que les ayudó a crecer como pueblo.
Sus
huestes eran conocidas como los Caballeros
Rhornan, nombre que reciben por ser protectores del linaje de los Rhornan del rey I Gidie.
Los
Caballeros Rhornan vigilaban todo el
territorio desde los Páramos de Imorthel
a los Páramos del Sur. Pronto, las
ciudades de Ángor y Celeb-mith fueron conquistadas y
agregadas al reinado del rey I Gídie en
el año 1599.
Con
el paso de los años, Gidie se
expandió hacia el oeste, y en la Batalla
de Valle Senh en el año 1601, derrotó a la ciudad de Silian, punto estratégico para controlar el Bosque de Elmoth. Allí dejó a uno de sus caballeros de confianza, Gwinlor Sáragan, que rendía pleitesía a Gidie.
Las
huestes de Gwinlor eran conocidas
como los Sáragan, que más tarde,
cuando se completó la conquista del reino de Íshtar, también se llamarían los Caballeros del Este. Y mientras los Sáragan protegían el reino por los Páramos de Imorthel, Gidie
bordeó la Cordillera de Riangnor por
el norte, y atravesando el Bosque de
Girins, terminó de conquistar todo el oeste de La Tierra de Sarión bajando hasta Iordrel, y por mar, volviendo a Mornnan
por las tierras de Gorfun en los Páramos del Sur.
De
ahí se estableció lo que se conoce como la Ruta
de Gidie. Una ruta que rodea el reino, conformada por Mornnan, Ángor, Celeb-mith, Erileth, Lerien, Hiriel y Gorfun.
En
1609 nació el rey II Varadán, de los
dos hijos de Gidie, el primogénito y
heredero al trono que reinó desde el año 1632 hasta el 1674. Murió en 1684 a la
edad de 75 años, principalmente por la ausencia de su hermano pequeño que murió
un año antes.
Nasrond,
el hermano del rey II Varadán, nació
en 1612 y se trasladó a la ciudad de Híriel
para controlar el sur y la costa en nombre de su hermano.
El
rey III Nenión continuó el linaje de
los Rhornan reinando desde el año
1674 al 1713. Tuvo tres hijos, el primogénito Raneael que nació en el año 1683, Judd que nació en 1685 y el más pequeño Saenneel que nació en 1690.
Con
el fin de la Gran Guerra de las Bestias
y al término del reinado del rey III Nenión,
Raneael comenzó su reinado en 1713
y la capital donde se controlaba el
reino era Mornnan, pero dos años más tarde se trasladó a Célebwen por motivos de seguridad. Desde ahí estaban más protegidos
al estar en el interior del territorio Inurko.
Asentados
en la nueva capital, su hermano Judd
se trasladó a Celeb-mith para
salvaguardar el norte y construyó la Atalaya
de Dírduil creando a los
Guerreros Dírdil. El motivo principal
que llevó a realizar este cambio fue la inseguridad que vivió el reino años
antes con la invasión de las bestias. Una capital más oculta sería una capital
más segura.
EL
siguiente rey nació en el año 1727, Hilkur
hijo de Raneael, comenzó su reinado
en 1753 y abdicó en 1791.
Con
la necesidad de controlar el comercio por la costa, Hilkur encargó al ebanista Agiónk
en 1755 la construcción del barco del rey llamado La Esmeralda. El barco más grande jamás visto por los mares del
sur. Pero este gigantesco navío también guarda algunas historias en su andadura
por las aguas de Maradrentro.
Una
mañana en la aldea de Iordrel, el Mar Áltico arrastraba una cegadora
niebla que hacía que los barcos que atracaban en los Astilleros de Puerto Viejo tuvieran sus dificultades. El mar estaba
muy bravo y las olas eran de hasta veinte metros de altura. La Esmeralda llegaba a puerto con
dificultades, pues el intenso oleaje había hecho mella en su casco y mástiles
lo que provocaba que tambaleara sin control. El recientemente rey Hilkur, daba órdenes a diestro y
siniestro para salvar la nave, aunque su inexperiencia se hacía patente.
–
¡Tirad, tirad, no dejéis que el viento nos venza! Tirad con todas vuestras
fuerzas – gritaba el rey, empapado de agua, como todos los marineros que
viajaban a bordo de La Esmeralda.
El
viento castigaba duramente a la embarcación. En el puerto, los marineros
intentaban lanzar cabos para amarrarlo, pero los latigazos arrancaban de cuajo
los enganches en los astilleros.
–
Señor, debemos alejarnos del puerto, La
Esmeralda se va a partir en dos contra las demás embarcaciones. – le
informaba uno de los marineros al rey, que por otra parte, era inexperto en el
arte de la navegación debido a su juventud. Pero el rey Hilkur era batallador, no permitiría que una tempestad le dominara
e insistió en atracar pese a las dificultades. – ¡Tonterías! Es una brisa nada
más. No hay nada que pueda con La
Esmeralda, jamás dirán que el rey de Íshtar
cedió ante una tempestad por muy fuerte que esta parezca – le replicó al
marinero, mientras se giraba y gritando seguía dando órdenes. – ¿Que tengo en
mi barco, hombres o niños? agarrad fuerte esos cabos, ya casi tenemos atracada La Esmeralda.
El
viento comenzó a rasgar las velas y uno de los mástiles se partió cayendo sobre
la cubierta. La tripulación luchaba contra los elementos y poco a poco empezó a
dominar el barco, acercándolo lentamente sobre el puerto, que cada vez estaba
más cerca.
Al
margen de la batalla de La Esmeralda
contra la naturaleza, se encontraba otra embarcación pequeña, muy cerca, con un
hombre luchando por amarrarla también. Solodán
gritaba a su pequeña hija Yuri,
huérfana de madre. – ¡Hija! Sal del barco, es muy peligroso estar aquí. – pero
ésta no quería dejar a su padre solo e intentaba ayudarle.
Solodán,
se percató de la proximidad de La
Esmeralda y de los bandazos que el aire le propinaba a la gigantesca nave,
y sabía por su experiencia, que el choque de las dos embarcaciones era
inminente. Se paró, miró a su hija, que intentaba lanzar un cabo al puerto, sin
lograrlo, ya que a sus seis años, era incapaz de levantar una cuerda tan gruesa
y pesada, y supo que tenía que tomar una decisión urgente y que no podía
esperar ni un segundo más.
Se
acercó a su hija, la cogió en brazos y con la mirada de un padre que sabe que
va a ser la última vez que ve a su hija. – no olvides nunca que te quiero Yuri. – y la lanzó con fuerza hacia el
puerto. Ésta cayó rodando fuera del barco y quedó sentada mirando a su padre.
En ese mismo momento, el viento apretó su intensidad y golpeó una vez más a La Esmeralda con la fuerza de cien
elefantes y ésta se encaramó contra la pequeña embarcación de Solodán y la hizo pedazos contra los
astilleros.
Yuri
quedó atónita, sin palabras, asombrada, no se podía creer lo que sus ojos
acababan de ver. Su padre desapareció entre las astillas del barco, aplastado
por La Esmeralda. Ni siquiera soltó
una lágrima. Simplemente quedó muda.
La
tempestad había amainado. Todo era desolador. Barcazas destrozadas, La Esmeralda rota por todas partes.
Todos vagaban de un lado para otro ayudándose unos a otros para ir poniendo
orden ante tanto caos.
Hilkur andaba
por el puerto con su séquito habitual, observando con tristeza lo que la
tempestad había hecho con el sur de su reino. De pronto observó a lo lejos a
una niña, sentada en las piedras talladas que formaban parte de los Astilleros de Puerto Viejo. Se acercó y
preguntó – Niña. ¿Qué haces aquí tan sola? – ella le miró y dijo. – mi padre
estaba en su barco, ahí – y señaló al agua. Pero ahí sólo quedaban astillas y
trozos de madera flotando.
Un
habitante de la ciudad de Iordrel que
estaba limpiando cerca el desastre le informó al rey – ¡Mi señor! Se llama
Yuri, la hija del marinero Solodán.
Yo conozco a esta niña, su padre a muerto aplastado por La Esmeralda y su madre murió en el parto cuando ella nació. –
–
¿Así que ahora está sola? – Preguntó retóricamente – Se vendrá con nosotros a Célebwen. Si mi barco le ha dejado
huérfana yo cuidaré de ella para que nada le falte. – espetó el rey ante la
tragedia de la niña.
Yuri
no medió palabra a pesar de su corta edad, su padre le había enseñado bien. Se
limitó a seguir las órdenes del séquito del rey. Sin que nadie se diera cuenta,
ésta lanzó una mirada de odio al rey Hilkur
y en sus pensamientos sólo había una cosa que se repetía constantemente – Ha
sido tu culpa. Algún día me vengaré. –
Pasaron
los años y actualmente el reino lo gobierna su hijo Helk. Íshtar se divide en
dos partes principales separadas por la Cordillera
de Riangnor.
Con
la entrada de la primavera, en la estación de Ealar, se celebran las Fiestas
de la Siembra. A partir de esta fiesta es cuando los grandes campos y
cultivos de Íshtarsus y Lérien se siembran y comienza un nuevo
año en Íshtar.
Se
reúnen todos los habitantes del todo el reino en la capital, y son varios días
de juegos, música, comida y bebida mientras los dueños de las diferentes
tierras van negociando, comprando y vendiendo materia prima para la siguiente
siembra. Esta fiesta es la más importante del reino.